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June 26, 2026
IN BRIEF
AUTHOR
Sebastián Marín
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Abordar este desafío no fue, desde el comienzo, cosa fácil: realizar un documental sobre El Yuguelito y el trabajo en territorio a través de la metodología CivActs, que permitiera evidenciar las fallas estructurales de los mecanismos de participación en la CDMX y sirviera, también, como un retrato de la desigualdad urbana.
Y hacerlo como organización de la sociedad civil; es decir, sin capacidad real de producción audiovisual, implementando otros dos programas de forma simultánea, con restricciones presupuestales; ah, y con un equipo de cuatro personas. ¿Eso nos desincentivó? Para nada. Pero estaba claro que cada paso que diéramos tenía que ser estratégico.
Esta idea, por supuesto, surgió de la relación que se construyó con el Frente Popular Francisco Villa Independiente y la comunidad. Para cuando me sumé al equipo de Accountability Lab, Ana Laura Lozano e Ingrid Lowenberg ya habían implementado las primeras cuatro fases de la metodología CivActs de la mano con la comunidad y el liderazgo del FPFV-I, desde aproximadamente un año atrás. Eso las había llevado a conocer a profundidad las calles del Yuguelito, sus problemáticas, su gente, y lo virtuoso de la autogestión y la participación comunitaria.
Tras seis meses de visitas a la comunidad, entre asambleas y reuniones de trabajo, implementando la última fase de la metodología, que consistía en construir un plan de acción para responder a las necesidades identificadas en la encuesta comunitaria, se decidió diseñar un proyecto para competir por el Presupuesto Participativo en Iztapalapa.
Fue ahí, en el cruce entre lo que la comunidad pidió y lo que el sistema respondió como lo documenta Ana Laura Lozano en su blog, donde la comunidad se topó con la barrera de que la propuesta fue rechazada por tratarse de un asentamiento “irregular”, un criterio que, como detalla Karla Luna, no estaba a la vista en ninguna regla pública del mecanismo. Esa barrera nos dió la pauta para pensar: “Aquí hay una historia y un conflicto. Esta es una versión de los hechos que vale la pena contar.”
Ahora bien, ¿por qué un documental en pleno 2026? Lo pongo sobre la mesa porque me parece importante aclarar que no surgió desde la ingenuidad, sino desde el pensamiento estratégico. Sabemos en qué tiempos vivimos; conocemos sobre la economía de la atención y la manera en que todxs lxs que creamos contenido para internet competimos constantemente por la atención de lxs usuarixs. ¿Es una realidad que nos guste? No. Pero aceptar las cosas como son es lo que permite entender cómo sacarles el mayor provecho; en beneficio, claro, también de a quiénes les comunicamos.
Antes de llegar ahí, exploramos alternativas de formato. Porque, pensando en documental, el audiovisual no es la única forma (y muchas veces tampoco la más efectiva) de registrar la realidad y de construir un mensaje. Por ejemplo, la iniciativa DemocráTICa produjo recientemente Democracia Digital en Acción, una miniserie documental sonora que recorre América Latina y el Caribe a través de 3 historias de comunidades que construyen su propia autonomía tecnológica. Me pareció fantástico ejemplo de cómo el uso exclusivo del sonido permite intercalar capas de información y relato para crear conexión y empatía en el espectador.
A su vez, yo tenía muchas ganas de experimentar con el UX (Experiencia de usuario) para crear una pieza documental interactiva, tomando como principal fuente de inspiración One Shared House. Ese documental web interactivo explora tanto los aciertos como los fracasos logísticos (las discusiones por los horarios de cocina, por ejemplo) de la vivienda comunitaria (co-living), a través de la infancia de Irene Pereyra en “Kollontai”, una casa compartida intencionalmente entre doce personas en Ámsterdam, fundada en 1984.
Finalmente decidimos producir un documental audiovisual en un formato más o menos convencional, sobre todo por accesibilidad. Nos importaba mucho que la pieza llegara a cuantas más personas fuera posible, incluso a audiencias internacionales. ¿Estábamos siendo del todo disruptivas? No; en lo absoluto. La producción de videos documentales en el sector de las organizaciones es una práctica bastante común; incluso suele listarse como uno de los entregables finales al recibir financiamiento. Yo mismo he producido muchísimos videos documentales sobre el trabajo de organizaciones y de activistas.
Una fuente de inspiración constante también es el trabajo de mis colegas y amigas de la colectiva Luchadoras, que a lo largo de los años han empleado el documental como mecanismo de visibilidad y reivindicación, creando piezas hermosas y contando historias súper inspiradoras de mujeres en distintos frentes de la vida y los territorios.
Bueno, entonces ya tomamos la decisión de producir un video. Ahora, ¿qué sigue? Pareciera una tarea sencilla, pero fue la etapa en la que más tiempo invertimos: la preproducción. Personalmente disfruté mucho esta etapa. Tuve la fortuna de aprender muchísimo de mi colega Blanca Xóchitl Aguerre, cineasta y docente. Ambos tuvimos la encomienda inicial de escribir la escaleta del documental, aunque después todo el equipo se sumó a la construcción del relato.
¿Cuál es el mejor camino a tomar? ¿Desde qué perspectiva contarlo? ¿Qué tanta información incluir y qué tanta dejar fuera? ¿En qué lugar queremos dejar al espectador al terminar el documental? Esta fue una etapa de más preguntas que de respuestas. Había semanas en las que sentíamos que no avanzábamos y días en los que avanzábamos semanas.
Como todo lo que hacemos en el Laboratorio, este fue un proceso sumamente colaborativo en el que cada integrante del equipo aportó desde su visión y su expertise. Ana Laura tuvo un rol central en la construcción del relato, partiendo, por supuesto, de su profundo conocimiento del Yuguelito y de haber implementado la metodología junto con Ingrid. Karla Luna, por su parte, brindó claridad sobre el mecanismo del Presupuesto Participativo, tras años de experiencia tanto en el diseño de proyectos como desde el lado institucional.
Al final teníamos la escaleta de lo que desde un inicio se llamó Del Papel al Territorio: una historia corta en la que El Yuguelito, comunidad autogestiva en Iztapalapa, bajo el liderazgo del FPFV-I, atraviesa el sinuoso camino de la participación ciudadana institucionalizada desde la experiencia de la periferia; y cómo, a pesar de que estos mecanismos no funcionan como deberían, siguen resistiendo y organizándose.
La producción.
Algo que Blanca y yo definimos desde la preproducción es que esto debía ser, en esencia, un retrato de la comunidad. No uno individual, no una historia más de superación personal; debía ser una fotografía grupal. Un collage de postales, de momentos emblemáticos, de conversaciones, de discusiones, de entendimiento y resoluciones. Queríamos inspirar a otrxs de la misma manera en que Yuguelito nos inspiró a nosotras.
Para la realización (es decir, el trabajo en cámara, las tomas aéreas y el sonido) conté con la participación de mi colega Gabriel Amador. Juntos hemos trabajado en campo, produciendo y contado historias de comunidades en múltiples ocasiones. Para las entrevistas, Blanca Aguerre fue una pieza clave. Puedo decir que es responsable de que las intervenciones de las y los integrantes del FPFV-I que aparecen en el documental se sientan tan amenas y espontáneas, porque así fue como conversó con ellas y con ellos. Fue mágico ver cómo construyó un espacio de confianza para que pudieran sentirse cómodxs al relatar todo lo que había llevado a Yuguelito a ser lo que es hoy.
Unx cree que contar su propia historia es muy fácil, pero cuando tienes un lente de cámara enorme frente a ti, luces y un micrófono pegado al pecho, puede volverse una tarea más difícil de lo que imaginamos; y es importantísimo entender esto antes de comenzar.
La presencia de una cámara nunca es neutral, y construir confianza con quienes vas a trabajar es fundamental. Ana e Ingrid ya habían creado un estrecho lazo con Yolanda, Ricardo, Silvia, Norma, Bety y Longino; y eso hizo toda la diferencia. En fin, en conjunto fue una experiencia verdaderamente hermosa.
El documental como insumo para la incidencia.
Lo más bonito, tras lanzarlo (tanto en YouTube como en las presentaciones presenciales que hemos realizado) es ver cómo cobra vida. Despertando inquietudes e incluso incomodidad, pero también inspirando a “hacer lo mismo que Yuguelito”, como organizarse. Entonces se formó un círculo virtuoso en el que, de la pantalla, la historia salta de nuevo al territorio.
Siempre fue nuestra intención que esta pieza no se hiciera sólo para acumular reproducciones, shares o likes en redes sociales (que igual está chido, jeje), sino para incidir; para cambiar la realidad a través de la inspiración, la visibilización y la digna representación en medios masivos de los asentamientos irregulares y de las y los habitantes de las periferias; para que la historia de Yuguelito llegue a los espacios donde se diseñan las políticas públicas.
Documentar es resistir.
Después de siete años acompañando a organizaciones de la sociedad civil a través de la comunicación y desde la producción documental, en cada ejercicio como éste me queda más claro: documentar es proteger aprendizajes. Nuestro sector enfrenta desafíos sin precedentes, y esto no tardará en hacerse notar. Los equipos cambiarán o se reducirán, las agendas también se modificarán, el tono se inclinará mucho más hacia lo urgente, si no es que hacia lo inminente. Algunas organizaciones, incluso, se verán en la penosa necesidad de cerrar sus operaciones.
Frente a ese posible borrado y en contextos donde lo verídico se pone en duda todos los días (sí, estoy hablando de la inteligencia artificial generativa), el registro audiovisual se vuelve una apuesta audaz; una que, muy seguramente, pasará la prueba del tiempo mucho mejor que todo el contenido fugaz e inmediato que encontramos a cada rato en internet.
Ana Laura Lozano y Karla Luna documentaron desde lo empírico y lo normativo la otra cara de la misma moneda. Dejaron constancia, en papel y en territorio, de lo que de otro modo se perdería. Porque al final, cuando los fondos se agotan, lo que queda, si se hizo bien, es la historia documentada de todo lo que funcionó. Documentar puede ser también una respuesta frente a la incertidumbre.
Si llegaste hasta aquí, lo siguiente es ver Del Papel al Territorio, disponible completo en el canal de YouTube de Accountability Lab México.