NEWS
April 16, 2026
IN BRIEF
[Lee la primera parte de esta historia: Yuguelito: Vivienda, Autogestión y Rendición de Cuentas] La primera parte de esta historia terminó con una promesa implícita: más de 250 encuestas completadas, un equipo de once Agentes Comunitarios de Campo, con el Yuguelito en el centro de todo, y la certeza de que lo que vendría después tendría que estar a la altura de lo que la comunidad se había tomado el tiempo de decir. Este es el relato de lo que pasó después. Lo que la comunidad dijo 255 voces. Una respuesta al proceso de recolección de datos que representa más [...]
SHARE
[Lee la primera parte de esta historia: Yuguelito: Vivienda, Autogestión y Rendición de Cuentas]
La primera parte de esta historia terminó con una promesa implícita: más de 250 encuestas completadas, un equipo de once Agentes Comunitarios de Campo, con el Yuguelito en el centro de todo, y la certeza de que lo que vendría después tendría que estar a la altura de lo que la comunidad se había tomado el tiempo de decir. Este es el relato de lo que pasó después.
Lo que la comunidad dijo
255 voces. Una respuesta al proceso de recolección de datos que representa más del 12% de la población total del predio o, dicho de otra manera, a cerca de la mitad de las ~500 familias que llaman hogar al Yuguelito. Una participación notable para una comunidad que, como nos dijeron quienes se negaron a contestar, estaba acostumbrada a no ser escuchada.
La comunidad habló con contundencia. Lo que emergió en las respuestas hablaba de algo que no nos sorprendió del todo, pero nos dio claridad: necesitan acceso al agua, seguridad, oportunidades económicas, actividades para las infancias y las juventudes, salud, educación. Pero detrás de cada una de estas prioridades encontramos que el hilo conductor es la necesidad urgente de reconstruir el tejido social, de volver a confiar, de reactivar una comunidad que, tras la crisis interna que describimos en el primer blog, había perdido algo de su brillo.
Dos de cada tres personas encuestadas fueron mujeres, y su voz en gran medida marcó el tono del diagnóstico. Fueron ellas quienes más a menudo pidieron oportunidades económicas, apoyo para sus hijos e hijas, atención a la salud mental y espacios seguros. Ninguno de estos fue un dato menor, pues nos pintó un retrato de quienes sostienen al Yuguelito en el día a día.
Devolver la voz
Analizar los datos era sólo el primer paso. Uno de los retos más grandes era devolverlos a la comunidad de tal manera que no sólo informaran, sino que los movieran a la acción. Así que diseñamos esta etapa para que, además de presentar resultados, fuera, por sí misma, un ejercicio de organización comunitaria.
Así, nos aliamos con Mixtura, un colectivo de expertxs en diseño y visualización de datos, con abordajes participativos y una perspectiva comunitaria. Con ellxs, realizamos un taller con lxs coordinadores de comités y cuadras para imaginar en conjunto un proceso participativo que, posteriormente, involucraría al resto de la comunidad. Diseñamos carteles con los hallazgos clave y los colocamos en once puntos estratégicos del predio: la tortillería, la panadería, la lechería, la escuela de música, y más. Los mismos carteles circularon por Whatsapp. Y en la Asamblea General de ese mes, implementamos el proceso codiseñado con lxs coordinadores, logrando que la comunidad habitara los resultados. Se realizaron mapeos colectivos para señalar en qué calles faltaban luminarias y dónde se acumulaba la basura. Hubo votaciones para decidir qué actividades deportivas, culturales y de oficios querían ver implementadas. Los datos volvieron a manos de quienes los habían generado.
Un plan de acción con nombre y apellido
Con todo esto sobre la mesa y tras presentar los resultados y recomendaciones al equipo del FPFV-I, definimos el enfoque central de nuestro plan de acción: la seguridad y la atención a la violencia. Si bien este no fue el problema más apremiante señalado por la comunidad, sí era el hilo que conectaba casi todos los demás: la falta de luminarias, el abandono de espacios y proyectos, la ausencia de oportunidades económicas para jóvenes, la salud mental. Todo confluía ahí. Y abordarlo de forma sistémica, desde la prevención, la intervención y la atención a su impacto, implicaba también activar otras prioridades de la comunidad, como talleres de oficios, actividades deportivas y culturales y atención psicológica.
Algo que aprendimos en el proceso es que abordar la inseguridad en el Yuguelito requiere sutileza y cuidado. La comunidad sabe perfectamente dónde están los problemas. Pero también sabe que muchas de las personas involucradas en ellos son, en ocasiones, sus propios vecinos, sus propios hijos. Así, cualquier intervención tendría que venir desde adentro, en colectivo y con el respeto que eso exige.
Desde luego, el plan de acción que abordaríamos desde Accountability Lab no cubría la totalidad de lo que la comunidad había expresado en las encuestas y conversaciones, ni pretendía hacerlo. Lo que sí hizo el proceso fue dejar en manos de los liderazgos de la comunidad un diagnóstico claro y accionable, quienes no tardaron en activarse. Retomaron las gestiones para conectarse al sistema de agua de la ciudad, hoy ya una realidad, aunque con nuevos desafíos de infraestructura por resolver; avanzaron en la regularización del servicio de electricidad; echaron a andar actividades deportivas como el boxeo, el taekwondo y el Zumba; y realizaron una campaña de registro digital en el sistema de salud dirigida a adultos mayores. Así, el proceso de escucha había dejado de ser sólo eso.
Mientras tanto, desde Accountability Lab buscábamos las vías institucionales concretas para poner en marcha el plan de acción. Y fue en esa búsqueda cuando se abrió un camino.
Del mapeo al presupuesto participativo
Ese camino tomó forma cuando, al explorar los programas públicos y mecanismos de participación ciudadana existentes como vías para implementar el plan de acción, conocimos a Ciudad Activa, un grupo multidisciplinario especializado en el diseño de proyectos de espacio público con comunidades y con vasta experiencia en el acompañamiento de procesos de Presupuesto Participativo. La colaboración estaba hecha a la medida.
En conjunto diseñamos un proceso que incluyó, primero, un taller para que lxs líderes y coordinadores de la comunidad conocieran el presupuesto participativo y cómo funciona, y aprendieran a diseñar proyectos integrales para la mejora de la comunidad; luego, una sesión participativa durante la Asamblea General en la que toda la comunidad decidió el proyecto que quería proponer.
La respuesta de la comunidad fue inequívoca: pavimentación, iluminación y seguridad en la calle Alí Primera. Una calle que, como nos habían dicho desde las primeras conversaciones y mapeos, concentraba buena parte de la percepción de inseguridad, especialmente entre mujeres y personas mayores. Sobre esa base, y retomando muchos de los hallazgos del proceso, articulamos la propuesta Todos juntos por un Yuguelito seguro, un Sendero Seguro que combinaba pavimentación, luminarias solares, cámaras de vigilancia y alarmas vecinales.
Y entonces llegó el rechazo.
Lo que el rechazo reveló
La alcaldía rechazó la propuesta argumentando, entre otras cosas, que el Yuguelito es un asentamiento irregular, un criterio que en ninguna parte de las reglas del mecanismo constituye causa de exclusión. Y, como es de poco sorprender, no era la primera vez que la irregularidad del Yuguelito se usaba como pretexto para negarle algo.
Con base en algunos de los argumentos del órgano dictaminador, realizamos ajustes al proyecto y solicitamos una redictaminación. Sin embargo, el argumento de la irregularidad persistió incluso en esa etapa, y la propuesta fue rechazada nuevamente. En paralelo, y con la determinación de encontrar una vía para hacer realidad el Sendero Seguro, nos acercamos a una diputada local, quien presentó un punto de acuerdo ante el Congreso para impulsar el proyecto. Ese trabajo sigue en curso.
Este rechazo terminó por convertirse en un momento revelador, en el que se desenmascaró precisamente aquello por lo que CivActs fue diseñado para mostrar. En este caso, se trataba de una comunidad que construyó sus casas y calles con sus propias manos, y ahora recibe la noticia de que no puede acceder a un mecanismo público para mejorar su comunidad porque es “irregular”. La sutil pero devastadora ironía de una comunidad excluida de un mecanismo diseñado precisamente para incluir comunidades como la suya.
Nada de esto nos detuvo. Al contrario, se convirtió en el punto de entrada para una nueva avenida de incidencia apuntando directo al corazón del sistema: Documentamos y analizamos lo ocurrido, tomando el caso del Yuguelito como hilo conductor para mapear las brechas de implementación más profundas del mecanismo: su opacidad, su complejidad, la inconsistencia en la aplicación de sus criterios. Llevamos nuestros hallazgos al Instituto Electoral de la Ciudad de México, la institución que supervisa los mecanismos de participación ciudadana en la ciudad, y los recibieron con apertura. Al mismo tiempo, y a pesar de la decepción del año pasado, nos encontramos acompañando nuevamente al Yuguelito en el ciclo de Presupuesto Participativo de este año, porque la comunidad no se ha rendido, y nosotras tampoco.
La historia del Yuguelito no es un caso aislado. En una ciudad donde la desigualdad está determinada por el código postal, la irregularidad se instrumentaliza con demasiada frecuencia para mantener a las comunidades estructuralmente excluidas fuera de los espacios diseñados precisamente para incluirlas. Garantizar que los mecanismos de participación sean accesibles, transparentes y justos, especialmente para quienes habitan la periferia urbana, no es un ajuste técnico. Es una cuestión de justicia territorial.
Enlaces recomendados:
- Échale un ojo al tráiler de Del Papel al Territorio, nuestro minidocumental sobre Yuguelito.
- Más información sobre el programa Civic Action Teams aquí y aquí.