NEWS
May 26, 2026
IN BRIEF
Leiden Gomis Fernandez
SHARE
“¿Y si intentamos convertir sus historias en canciones?”. Lanzamos la pregunta al aire en nuestro salón de trabajo, que en realidad era la capilla de la Casa del Migrante Arcángel Rafael, donde decidimos desarrollar el proyecto. No hubo demasiado entusiasmo al responder. Algunas personas rieron, como diciendo “eso no es para mí”; otras se miraron entre ellas en complicidad. La mayoría no había escrito nunca una canción. Sin embargo, hubo quienes, a pesar de las dudas y las dificultades de su proceso migratorio, decidieron darle una oportunidad a una experiencia que todavía estaba tomando forma, pero que ya parecía tener el potencial de convertirse en algo importante para quienes participarían en ella.
Puede ser que ahí haya comenzado realmente Música x Cambio. No cuando imaginamos el proyecto, diseñamos la metodología o hablamos de composición musical, sino en ese instante delicado y poderoso en que una persona decide que su historia merece ser escuchada.
La canción como testimonio
Cuando Accountability Lab me propuso llevar mi metodología participativa de composición de canción testimonial a un proyecto con personas migrantes, atravesado también desde una apuesta por fortalecer la agencia cívica de las y los participantes e incorporar una perspectiva de derechos en todo el proceso, acepté de inmediato.
La posibilidad de acompañar procesos de creación artística a partir de experiencias de movilidad, y el sentido de esperanza, los peligros, la incertidumbre, las separaciones y todo lo que atraviesa una persona migrante, me parecía profundamente necesaria.
Como cantautora y socióloga, en los últimos años he desarrollado proyectos de arte e impacto social con distintas poblaciones vulnerables, acompañando procesos de creación colectiva para que personas que nunca antes habían compuesto una canción pudieran narrar sus historias desde su testimonio y desde su capacidad creativa, como el proyecto “Volver al corazón” con mujeres en prisión México y Panamá, o el trabajo con mujeres de la Meseta Purépecha en el Municipio autónomo de Comachuén en Michoacán, México.
La canción testimonial busca conectar con quien compone, con su centro; busca nombrarse y, posteriormente, compartirse. No está en función de la perfección de técnica, de interpretación o ejecución impecables. Busca presencia y realidad.
Una experiencia tan personal como el acto creativo de hacer una canción con tu historia, puede convertirse en un proceso reparador, en reparación de la memoria, en colectividad y, por supuesto, en música.
Este proceso creativo toca la vulnerabilidad de quien cuenta su historia, así como también de quien la escucha. Esa es una de las grandes bondades de la canción: su capacidad de crear puentes emocionales, incluso entre personas que no han vivido las mismas experiencias.
Escuchar también es una práctica política
Cuando digo “escuchar”, no me refiero únicamente a las canciones. Hablo de la capacidad de dejar que esa escucha transforme nuestras expectativas e incluso la manera en que imaginábamos el proyecto.
Desde la primera sesión hubo retos, y entendimos que nada podía construirse de forma lineal. Las expectativas con las que llegamos se vieron rápidamente confrontadas por la realidad de quienes participaban.
Escuchar atentamente nos fue guiando cuál debía ser el camino. Nos obligó a repensar dinámicas, a flexibilizar estructuras, a entender necesidades que no habíamos previsto y sobre todo, a transformarnos junto con ellas y ellos.
Entendimos que el acto de escuchar al otro es ya una práctica política. En estos tiempos donde hay una tendencia hacia lo efímero, la velocidad, la opinión inmediata y la necesidad constante de producir respuestas, detenerse a escuchar de verdad a otra persona se convierte en un acto de solidaridad radical.
Escuchar no es solamente oír. Escuchar implica reconocer al otro como alguien cuya experiencia tiene valor, complejidad y dignidad. La escucha atenta, genuina, la escucha que vulnera, también transforma. Nos mueve de lugar y nos obliga a cuestionar nuestras narrativas.
Nadie migra con la voz intacta
Durante el desarrollo de Música X Cambio trabajamos con jóvenes migrantes que no sólo estaban lejos de su territorio, sino también de la versión de sí mismxs que conocían. En este contexto, la canción se propuso como un espacio creativo y vulnerable donde podían volver a dialogar con ellos mismos y reencontrarse.
Al final del proyecto se trabajaron cinco canciones, cuatro de forma individual y una colectiva. Todas fueron grabadas in situ, lo que implicó retos técnicos, logísticos y de tiempo, pero permitió que el proceso ocurriera dentro del mismo espacio donde las historias habían sido escritas y, algo muy importante: que fueran grabadas y cantadas por ellos mismos, como protagonistas de su propia historia.
Nadie migra en silencio. Nadie migra con la voz intacta. Todos nuestros tránsitos nos atraviesan y transforman. Nombrarnos a través de la creación artística y de la composición de canciones. Cantar nuestra historia es una forma de reconciliarnos con quienes fuimos, somos y proyectamos ser. Es una forma de comunicarlo y permitirnos conectar con quienes nos escuchan.