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La música: el arma más poderosa que no lastima a nadie

April 30, 2026

IN BRIEF

Hay cosas que una explicación no alcanza a tocar, pero la música sí. Esto lo entendí viajando sola con mi guitarra, en las marchas, en los espacios compartidos con otras artistas, en la manera en que una canción puede abrir una conversación, nombrar una herida o tocar algo que a veces no sabe decirse con palabras. Mucho antes de trabajar en metodologías o programas, había experimentado cómo la música podía conectar con algo profundo, transformar y mover percepciones de una manera muy única y particular. Cuando la voz ocupa su espacio A veces lo difícil no es cantar, sino dejarte [...]

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Hay cosas que una explicación no alcanza a tocar, pero la música sí. Esto lo entendí viajando sola con mi guitarra, en las marchas, en los espacios compartidos con otras artistas, en la manera en que una canción puede abrir una conversación, nombrar una herida o tocar algo que a veces no sabe decirse con palabras. Mucho antes de trabajar en metodologías o programas, había experimentado cómo la música podía conectar con algo profundo, transformar y mover percepciones de una manera muy única y particular.

Cuando la voz ocupa su espacio

A veces lo difícil no es cantar, sino dejarte ver. Una parte de ti quiere salir, cantar y ocupar espacio, mientras otra todavía se arrincona por miedo a brillar, a incomodar, a ser juzgada. Me gustaba componer, tocar y cantar, pero no exponerme ni vulnerarme. Cuando me invitaron a tocar en la marcha LGBTTTIQ+ en el Zócalo de la Ciudad de México, aproveché la oportunidad para componer una canción que hablara justamente de eso. ¿Cuántas personas de la comunidad habrían soñado con dejar de esconderse en fragmentos, con sentirse libres? Ese día les canté a ellxs, pero también me lo canté a mí, y me llevé una grata sorpresa: vulnerarme frente a más de 100,000 personas que no conocía, pero que reconocía a través de una historia compartida, me permitió conectar con ellxs, y me hizo sentir libre. 

Cuando una canción transforma el dolor colectivo en movilización

A veces una canción se expande más allá de lo propio y empieza a cargar también con el dolor de comunidades enteras, de un país, del mundo. En México, más de cuarenta cantautoras nos unimos, convocadas por una gran artista, Mon Laferte, para cantar Canción Sin Miedo, compuesta por mi amiga y colega Vivir Quintana, en el festival Tiempo de Mujeres, en el Zócalo de la Ciudad de México. Esta canción encarna el dolor que se respira cada día por las mujeres desaparecidas y los feminicidios que desgarran México. Antes de salir al escenario, nos quitamos el disfraz de artistas para salir como mujeres que vivimos con el crónico miedo de no volver a casa o de perder a las mujeres con quienes compartimos la vida, pero también con la determinación de unirnos para incendiarlo todo con una canción. 

Esto ocurrió una semana antes de saber que entraríamos al encierro por la pandemia. Nosotras nos quedamos quietas, pero la canción no. Viajó por muchos rincones, hizo eco en casas, en grupos de mujeres, en orquestas, en embajadas, en distintos estilos, en distintos idiomas, incluso en coreografías. Hoy es un himno que canaliza llanto, miedo y rabia para transformarlo en fuerza, poder y movimiento. Fui testigo de cómo la música puede ser una de las armas más poderosas, y más sutileza a su vez, para atravesar corazones y cambiar percepciones, sin lastimar a nadie. Llevábamos años intentando explicar, pero bastó una canción para que el mensaje permeara, llenando un vacío social.

Cuando la música es puente

Durante la pandemia seguí participando en festivales en línea, haciendo serenatas virtuales y creando canciones a la medida para las personas que en ese momento no podían reunirse, pero querían expresar su cariño a sus seres queridos con música. La suma de los eventos que he venido contando me dejó algo claro: la vida cobra otra dimensión cuando lo que haces también es para lxs demás. Mientras esas conversaciones internas transcurrían, me invitaron a formar parte de Accountability Lab México, una red global translocal que trabaja para que la gobernanza funcione para las personas. 

Accountability, en español, puede significar muchas cosas y, según el contexto, traducirse como responsabilidad, transparencia o rendición de cuentas, o incluso como todo eso al mismo tiempo. Son conceptos que no están en la conversación cotidiana de muchas personas y que, generalmente, suenan distantes. Parte de lo que busca Accountability Lab es justamente acercarlos, porque cuando se perciben como ajenos, también se debilita la posibilidad de construir corresponsabilidad en torno a la transparencia y rendición de cuentas, en este caso concreto. 

¿Por qué me buscan a mí para formar parte del equipo? Esa fue una de las primeras preguntas que me hice. Porque, aunque ya había convivido con el activismo y otras experiencias significativas a través de la música, todavía no entendía cómo esa trayectoria podía insertarse en este sector. No me era evidente cómo dialogaban esos dos mundos. Hasta que empecé a ver que, dentro de la red, ya existían caminos que vinculaban música y otras expresiones artísticas con participación y democracia. Por ejemplo, existe un programa que comenzó en Liberia llamado Rap2Rep. Más tarde, su nombre evolucionó a Voice2Rep y se implementó en los laboratorios de Liberia, Nigeria, Zimbabwe, Mali y República del Congo. Su apuesta era un concurso de artistas emergentes que utilizaran la música como herramienta para activar a las juventudes, fomentar la participación en procesos democráticos y acercar a las personas a estos conceptos que suelen vivirse como abstractos, pero que resultan indispensables para ejercer la democracia. La posibilidad de arrancar este programa en México me entusiasmó mucho, no sólo por lo valioso de la propuesta, sino por la oportunidad de seguir explorando nuevas formas de generar impacto a través de la música. 

Cuando crear también transforma

El contexto importa. No bastaba con replicar el formato del programa Voice2Rep a México, sino de entender cómo la música resuena en nuestro contexto, en nuestras conversaciones y en nuestros abordajes. Un 8 de marzo, después de la marcha feminista, me reuní con un grupo de amigas, colegas cantautoras, y ahí Leiden Gomis me habló del maravilloso trabajo que había realizado durante la pandemia con mujeres privadas de la libertad, a través de un programa de clases en línea con acceso a cinco penales en México. Su propuesta consistía en crear canciones testimoniales de manera colectiva con mujeres que habían sido privadas de la libertad. A partir de la escritura de sus experiencias, nacieron canciones que contaban sus historias desde un lugar que les permitió reconocerse como dueñas de su historia y, sobre todo, como creadoras. Pocas cosas me parecen tan esperanzadoras como ésta. De ese proceso nació Volver al corazón.

Cuando una alianza abre nuevas posibilidades

Mientras Leiden me contaba del proceso, mi mente viajó a la increíble posibilidad de pensar en una colaboración y empezar a imaginar cómo podría verse Voice2Rep en México, a partir de algo que ya estaba ocurriendo aquí y que tenía una inercia propia. Y así nació una primera alianza entre Leiden y Accountability Lab México. Nuestro papel desde el Lab fue puntual y breve, pero significativo: apoyar con la impresión de los discos físicos para repartirlos a las participantes de la creación del disco y a sus familias. También buscamos llevar la conversación más allá de espacios musicales, abriendo y amplificando la conversación sobre el abandono social que viven las mujeres en prisión, y propiciando escucha sin juicio a través de sus propias canciones. 

Esta primera colaboración dejó sembrada una semilla que, un par de años más tarde, floreció en un nuevo programa. Con mayores capacidades, nos sentamos a repensarlo, no sólo en términos de contexto, sino desde una inquietud más profunda sobre cómo construir una propuesta que pusiera al centro las voces, historias y experiencias de comunidades históricamente estigmatizadas, en un momento marcado por una creciente polarización. Si bien Voice2Rep tenía su origen en activar la participación a través de la música, este proceso nos llevó a imaginar una evolución posible, una que apostara por la creación colectiva como un vehículo para el reconocimiento, la expresión y la incidencia desde la experiencia vivida de personas migrantes. Ahí nació una co-creación entre Leiden y Accountability Lab México, que unió su metodología de creación testimonial participativa con nuestro enfoque en el fortalecimiento de la agencia cívica, tanto individual como colectiva, y en la construcción de una gobernanza que funcione para todas las personas, en este caso desde lo cultural. Así tomó forma una nueva metodología: MúsicaXcambio, o Music4Change, un programa que abordaremos con más detalle en otro blog.

Hay cosas que una explicación no alcanza a tocar, pero la música sí. Tal vez porque hay verdades que primero tienen que sentirse antes de poder entenderse. Y por eso sigo creyendo en la música como una forma de acompañar, de atravesar, de conmover, de visibilizar y de defender lo que importa. 

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