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¿Quién vigila las reglas del juego? Nuestra experiencia haciendo observación ciudadana

June 8, 2026

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Karla Luna

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Durante el 2025 acompañamos a la comunidad de Yuguelito, en Iztapalapa, en su primera ocasión involucrándose en el Presupuesto Participativo (PP) de la Ciudad de México. Sin embargo, las cosas no salieron como esperábamos. El proyecto propuesto por la comunidad fue rechazado bajo argumentos poco claros y contradictorios, entre los que destacaba la condición de irregularidad del asentamiento, el cual no constituye un criterio oficial.

Esta experiencia nos dejó claro que existe una enorme brecha entre lo que se diseña y lo que realmente pasa en territorio. Esto significó tanto señalar los vacíos legales, como visibilizar que las condiciones para ejercer el derecho a la participación y a la ciudad no son iguales para todas las personas que habitan esta gran urbe.

Para evidenciar esta realidad, produjimos el mini documental Del Papel al Territorio y, al mismo tiempo comenzamos acciones de incidencia: entregamos al Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) un diagnóstico territorial a partir de la experiencia de Yuguelito en el Presupuesto Participativo.

A finales de 2025 comenzamos a colaborar con el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM)  para encontrar vías para fortalecer la participación en la ciudad; entre ellas, decidimos usar un espacio de involucramiento que poco se ve y poco se utiliza: la observación ciudadana. En Accountability Lab México creemos que la participación no se diseña desde el escritorio, sino en que la evidencia y conocimiento territorial es la base para construir mejores procesos participativos que sean efectivos e impacten positivamente en las personas.

Por ello, nos registramos  y acreditamos oficialmente ante el IECM como organización observadora. Nuestro rol era simple pero fundamental: vigilar que el ejercicio de los mecanismos de participación ciudadana se lleven a cabo de forma transparente e íntegra, y emitir recomendaciones. Observamos diferentes etapas del proceso, desde la capacitación a dictaminadores, el voto en prisión preventiva, hasta la jornada de votación en mesas. Esta experiencia nos permitió recargar energías para seguir incidiendo en mejorar los instrumentos de participación y que estos realmente funcionen para todxs. Observar también es una herramienta de resistencia ciudadana.

La hora de la acción: cuando la teoría se encuentra con la realidad

Para observar bien, primero hay que entender las reglas. Comenzamos asistiendo a la capacitación de los Órganos Dictaminadores de las Alcaldías (ODAs) un par de meses atrás. Ahí, en medio de criterios teóricos y herramientas técnicas, hicimos un ejercicio de contraste: los lineamientos frente a los hallazgos de nuestro diagnóstico.

Tras el diagnóstico territorial que entregamos hace unos meses, el IECM ya había adoptado varias de nuestras recomendaciones. Desde nuestra propuesta de brindar a las personas especialistas una capacitación más profunda y equiparles con una caja de herramientas para la evaluación de los proyectos, hasta la exigencia de estandarizar y digitalizar la fase de dictaminación para evitar cambios en los dictámenes una vez concluída la sesión del ODA. Sin embargo, de las aportaciones que se integraron a los criterios del instituto, hay una fundamental: el reconocimiento del enfoque territorial en la evaluación de los proyectos.

Lograr que se integraran estos criterios fue crucial. Una regla puede sonar muy bien en el papel, pero si no tiene esta mirada social desde su práctica, se convierte en una barrera, sobre todo en las periferias. Estar ahí nos recordó que la labor de los especialistas no sólo es llenar los formatos de dictamen, sino abrir caminos para reducir las desigualdades en lugar de profundizarlas.

A través de los muros: la observación en prisión preventiva

El proceso del Presupuesto Participativo incluye una votación o jornada anticipada. En ésta se incluyen a las personas que votan por internet, personas en situación de postración y cuidadoras, y personas en prisión preventiva. El voto en prisión preventiva es una modalidad que se diseñó para garantizar los derechos políticos de las personas que aún no cuentan con una sentencia. Nuestra actividad nodal era presenciar la jornada anticipada dentro de la prisión. Pero si observar en las calles es retador, cruzar los muros de la prisión supone un cambio completo de  perspectiva. 

El primer paso fue recibir una capacitación y, semanas después, acudir al Centro Varonil de Reinserción Social (CEVARESO) Santa Martha Acatitla. Entrar a este espacio para observar no es nada ordinario; es una forma de entender que las condiciones para ejercer nuestros derechos necesitan adaptarse para seguirlos garantizando,  y comprender cómo la democracia no debería detenerse por un muro. En un contexto bajo estrictos protocolos de seguridad de un centro penitenciario, el reto técnico aquí era supervisar que el proceso contara con las mismas garantías de secrecía, libertad y certeza que en cualquier mesa en el exterior.

Sin embargo, la jornada en campo nos devolvió una realidad incómoda con los sesgos de implementación que se hicieron evidentes en ese momento. A pesar de contar con herramientas digitales, del esfuerzo logístico y de las visitas informativas previas por parte del Instituto, el listado final sólo contemplaba a dos personas. Al final del día, el panorama fue aún más crudo: únicamente una persona acudió a votar y lo hizo a través de boleta, porque las tabletas para la votación digital no funcionaron.

Esta cifra lejos de ser un simple número, es un llamado de atención sobre el diseño del proceso. Se despliegan esfuerzos técnicos, institucionales y de observación ciudadana, pero la participación sigue siendo prácticamente nula. ¿Qué es lo que no estamos viendo? Cruzar las puertas del centro nos obligó a confrontar una panorama complejo y nos dejó una profunda reflexión sobre los límites reales de la inclusión institucional y la carga humana que arrastran estos procesos.

Lo que nos dejó la jornada en campo

El momento cúspide había llegado: la Jornada Única, el día en que las personas salieron a votar sus proyectos del Presupuesto Participativo, y a elegir a sus COPACO; es decir, a las personas representantes de su colonia.

El día para despliegue en campo lo hicimos como integrantes del Programa de Observación y Acompañamiento 2026 del IECM. Organizados por rutas, salimos a territorio a recorrer y supervisar mesas de votación en diferentes alcaldías y colonias, observar de primera mano el desarrollo de la votación y presenciar a través de las personas vecinas cómo la democracia cobra vida en las colonias. Dialogar con lxs vecinxs y escuchar sus experiencias desde una perspectiva donde la participación también es un trabajo de cuidados; cuidados a la comunidad y al entorno donde todxs habitamos. La recuperación y apropiación del espacio público requiere organización entre las personas, pero también coordinación con las autoridades y exigencia de resultados y transparencia; todo con la intención de que los recursos de la colonia se destinen a donde realmente se necesitan. Y nadie mejor que lxs mismos vecinxs para señalar esas necesidades, pues son quienes tienen el pulso de su colonia.

La energía de la jornada cambiaba en cada esquina, dependiendo de la ubicación de la mesa, la colonia y hasta de las personas responsables de recibir los votos. En algunas mesas pudimos observar mucha participación, incluso personas que acudieron en familia a votar. En otras zonas, la urna era un punto aislado que competía con la cotidianidad de un domingo cualquiera. Fue interesante ver cómo muchas personas llegaban por curiosidad,  atraídas por el mobiliario en las calles y preguntaban “¿Qué estamos votando?”. Si traían su credencial de votar, ejercían su derecho en ese mismo momento, recordándonos que las calles son el espacio público donde se teje comunidad. Presenciar este contraste nos dejó ver que, mientras la votación transcurría, la mayoría de la gente caminaba ajena a lo que se estaba decidiendo ese día. Este vacío nos sigue confirmando que aún hay mucho que hacer para que la información sobre este mecanismo llegue de manera efectiva a las personas, pues la participación no debería depender de la casualidad de un domingo. Todavía queda mucho por hacer para que estos instrumentos de participación sean conocidos, comprendidos, apropiados y utilizados con plena conciencia.

Construyendo puentes entre el territorio y la institución

Estos contrastes y desafíos pendientes que encontramos en territorio son lo que le dan sentido a nuestra labor. Las experiencias desde las comunidades nos recuerdan que fortalecer la participación ciudadana depende, sí, de una mejor implementación, pero también de contar con mecanismos mejor diseñados para responder a las realidades de quienes buscan ejercer sus derechos. Por ello, vemos en la próxima reforma de la Ley de Participación Ciudadana de la Ciudad de México una oportunidad determinante para impulsar mejoras de fondo en el Presupuesto Participativo. Desde Accountability Lab México seguiremos contribuyendo a esta conversación desde la evidencia, el aprendizaje y la experiencia de las comunidades, con la convicción de que la democracia se construye y fortalece desde el territorio y, por ello, es también es crucial acortar distancias entre la norma y su implementación real en las calles. 

Es precisamente en la reducción de esa brecha donde la observación ciudadana adquiere su valor. Estar en las capacitaciones, presenciar el voto anticipado en Santa Martha Acatitla y recorrer las mesas de votación en mayo fueron la manera de comprobar en terreno si esos nuevos criterios adoptados por el Instituto realmente estaban operando a favor de la inclusión o si siguen topándose con las inercias del sistema.

La observación ciudadana no termina con el conteo de votos; es un proceso continuo y vivo de permanencia en el territorio. Nos vamos de este proceso convencidas de que trabajar de la mano con las instituciones es el camino para asegurar que las reformas del futuro no se queden atrapadas en la comodidad de los escritorios, sino que respondan con justicia a la realidad de las periferias urbanas.

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